
A través de un fallo judicial, se prohibió en toda Rusia los templos y las iglesias satánicas. Lo anterior fue dado a conocer por la Corte Suprema de dicho país.
Esta medida se suma a una campaña que etiqueta diversas subculturas y movimientos sociales como satánicos, bajo una narrativa de lucha moral y protección de valores tradicionales.
El líder de la Iglesia Ortodoxa, el patriarca Kirill, amparó la decisión argumentando que tales grupos reclutan jóvenes de forma inaceptable.


